Últimamente, la tecnología está evolucionando a pasos agigantados, y se nos ha dicho que uno de los avances que más repercusión tendrá en nuestras vidas va a ser la inteligencia artificial. Se comenta que es un sector que está muy avanzado, y que no quedan tantos años para que los robots empiecen a sustituir a personas reales en sus tareas y empleos en un 50% de los casos.

También hemos visto mil veces a ingenieros e investigadores hablando de cómo comprar un robot automático acabará resultando más rentable para las empresas que tener a una persona contratada, y viendo que el mantenimiento de este sistema no requerirá de tantos trabajadores, muchas personas se quedarán en la calle de un momento a otro. Pero… ¿es eso cierto?

Un estudio reciente del Wall Street Journal nos confirma que no. Parece ser que, en la vorágine tecnológica que estamos viviendo, muchas empresas optan por pretender una automatización de sus sistemas que aún no está suficientemente desarrollada. La presión por implantar nuevas tecnologías ha ocasionado que compañías como Google, Facebook y Expensify hayan tenido a personas actuando como robots: respuestas a e-mails, escáneres de facturas, asistentes virtuales artificiales… todo llevado a cabo por personas que fingían ser robots pretendiendo ser personas. Curioso, ¿verdad?

Esta pseudo-inteligencia artificial existe por alguna razón. En el caso de Toyota, por ejemplo, hemos visto que se han desautomatizado los procesos, y eso ha repercutido en una menor producción de residuos y una reducción de espacio de trabajo. Además, es evidente que la inversión que se debe hacer en la infraestructura necesaria acaba no saliendo a cuenta cuando se puede tener mano de obra barata.

En resumen, parece ser que la tecnología se adopta más por prestigio que por eficacia. Menos mal que nuestro trabajo requiere de un toque humano que un robot nunca podrá sustituir…